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Marco Antonio Campos

Biography

Marco Antonio Campos (1949, Mexico) teaches literature at the Universidad Nacional Autónoma de Mexico and is the co-organiser of the Rencontre du Pays du monde Latin au Mexique. He has also built up an impressive body of work as a poet, novelist, essayist, translator and compiler of anthologies. He has translated the work of such poets as Rimbaud, Baudelaire and Gide.

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Authors' text

Gaviotas en el Escalda // Dios en Vollezele

Gaviotas en el Escalda

El lento Escalda, las lentísimas aguas del Escalda, llegarán al Mar del Norte y llegaré al Mar del Norte, y las seguiré, y seguiré leyendo el libro real, que se pierde casi todo, y el libro imaginario, que si bien escrito, perdura en los siglos y un día. Fui el hijo pródigo que regresó a casa demasiadas veces.
Desde la década de los setenta recuerdo de Bélgica el cielo plomizo, la bruma, la lluvia sin sosiego, luces ciegas, la llanura infinita... Tañe el carillón de la catedral cada cuarto de hora y resuena en calles y casas del centro y las pone en equilibrio.
A este país lo dividieron las aguas de Inglaterra y los árboles de Francia, de Holanda y Alemania, hasta parecer una pequeña isla en pleno continente.
La recuerdo con sus jeans y su blusa blanca abierta. Yo tenía 23 años y ella casi 17. Me dio soles oscuros y soles amarillos. Blanca, con el pelo negro, los ojos ferozmente tímidos. Escribía cartas bellísimas. Nos vimos en Bruselas. Hablábamos un mal francés que deletreábamos. Sus nalgas y sus piernas estaban hechas para la desesperación de las manos. Fue un amor a primeros dientes y aún conservo en la boca el sabor de la transpiración de su piel. Los amores fugaces no dejan tristeza si se gustan y ninguna tristeza si no hay compromiso.
Pero ¿qué hacen los gallos al lado de las palomas y de los patos en los bordes del lago del parque? Pero ¿quién los citó fuera de las horas del despertador en las deshoras de la mañana y de la tarde?
Ah, pero hablemos de algo más reciente. Sabemos que las mujeres actúan de manera impredecible o incomprensible, pero no deja de asombrarnos cuando lo hacen. Nada quiere decir nada cuando una mujer te dice no. Es como si no hubiera inicio, como si el cero se volviera un cero más grande, el 1 pisoteado. Pero, ¿se puede caminar sobre las aguas sólo con fe? No envejece el corazón ni el dolor que te dobla, es la piel la que se aja. Quizá la flordelisé en demasía. Nadie puede argumentar con nadie si no se sabe qué significa un argumento. Yo hubiera hecho con ella una cita en el fin del mundo; ahora, en la ausencia, se queda en nosotros ese fin de mundo. Que sea para bien o sea para mal, da lo mismo. Como perro enternecido la seguí por meses en América y Europa. Arrojo por la ventana América y Europa. Sin embargo en la calle o en las plazas a veces creo oír su voz detrás de mí o junto a mí, pero nos oiremos mejor en el infierno, eso sí, cada quien por su lado. Tal vez entonces alguna vez en ese nunca...
Ella no me entendía, ni yo la entendí nunca, pero luchábamos por no desesperar sabiendo que era fútil no mirar los ojos de María en el ascenso del Calvario. En vez de repartirnos los clavos en el descendimiento de Jesús el Cristo, los tres me los dio a mí. Quise hacer con ella un rostro de muchacha gótica (así era su rostro) y me dejó tirado en el suelo en un charco de escupitajos de donde habré de salir. La tristeza y la rabia (diría un hombre de empresa) se miden por resultados, pero lo mío fue un libreto para comediantes o cómicos. Que se busque Francesca otro Paolo porque al imbécil se le rompió la boca y se le disminuyó el corazón. Me alejo desde hoy al Renacimiento.
Pero, ¿acaso no hay un puente en el Escalda para llegar a la otra orilla? ¿No habrá una sola gaviota que con un grito áspero nos diga lo que perdimos?
Que venga el señor tipógrafo a poner las palabras donde no supe nunca ponerlas.


Dios en Vollezele

Dios vino a la tierra y miró el mapa y empezó a recordar nombres de pueblos flamencos: Vollezele, Herne, Galmaarden, Denderwindeke, Geraardsbergen, Ninove, Tollembeek, Oetingen, Nieuwenhove, Aalst... Después de siglos de haber creado el mundo no se acordaba de ellos. Se había dado cuenta hacia poco del error y puso al Hijo azul en el centro del pueblo y a la paloma de luz entre el Mosa y el Escalda para que mirara más allá de las aguas del bautismo. Y por primera vez el hombre y la mujer se buscaron desesperadamente en los cuerpos para huir de la lluvia y del invierno.
Dios señaló con el dedo y dijo: «Hágase!», y se alzaron una farmacia, dos cervecerías para solitarios del lunes y martes de todos los días, el café para tomarse un mal café, la panadería con olor a campo y a señora joven, una tienda de aparatos eléctricos que no se abrió jamás, casas con techos de dos aguas para que la lluvia bajara por las tejas hasta bebérsela el Mosa, buzones para cartas de primeros sellos, un teléfono directo con los ángeles, la iglesia con campanas para oír hasta Bruselas los Hechos de los Apóstoles.
Y vi a Dios poniendo árboles en la llanura, cavilando el hombre nuevo, porque lo creado anteriormente fue un fracaso y la historia escenas infinitas de depredación y de carnicería. «Te equivocaste», le dije en un buen plan. «Se equivocaron todos», me repuso. «Más allá de la línea, continué, victoriosos y vencidos se engañan tanto que hablan entre ellos de un pasado glorioso mientras más muertos y sufrimientos hay. La historia son historias de dolor y de horror. La vida nos deja al margen de la vida».
Dios continuó la tarea y mientras platicábamos de historias de la historia, hizo surgir el arbusto del saúco para que las flores albearan el país, el azul de los miosotis que lloraba de mis ojos, la niñez de las verbenas como un punto en un cuadro de Miró, las tímidas campánulas disimulándose en la miniatura, el rododendro como estrella iluminada al lila, el geranio que aviva lo que toca.
«Qué fue primero: ¿el paisaje o las palabras?», le pregunté. Y me hizo una seña y miré con asombro las ondulaciones de las colinas, los sembrados geométricos, los horizontes con árboles azules.
Los viejos, hasta ayer petrificados, se pararon de la mesa y salieron al aire libre a podar la hierba del jardín, los hijos se fueron a sembrar el trigo y los hijos de los hijos a embriagarse hasta caer en la cervecería de la Ruta bebiéndose en el cáliz la cerveza 255 creyendo que era vino.
Desde entonces los mirlos gorjean entre los arces con hojas de cinco orientaciones, aletean en la punta de las hayas gigantescas que horadan las nubes y hacen sombra en el follaje de los álamos plateados que murmuran algo inmensamente antiguo, pero Dios no sabe, nunca supo, en qué lugar quedé yo inerme y en qué lugar quedó Él inerme. Como Él sabía quién era yo, y como yo sabía quién era Él, no podíamos, por engaño, indiferencia o simulación, hacer a un lado lo que hemos sido siempre: dos solitarios perdedores.


Marco Antonio Campos, 2005

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Villa Hellebosch
2.05.05 > 20.06.05

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